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23
junio de 2017

RIAC

República Independiente · Aguilar de Campoo

La gente más tonta que conozco es la que lo sabe todo.
Malcolm Forbes

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Una década después de la marcha de la marca Fontaneda y de la venta de su fábrica, la villa palentina recuerda su lucha por mantener viva la industria galletera.

El próximo 3 de abril se cumplen 10 años desde el anuncio de cierre de Galletas Fontaneda en Aguilar de Campoo (Palencia). Tanto la marca como la producción fueron absorbidas por las dos fábricas con las que contaba su propietaria, United Biscuits Group (UB), en Viana (Navarra) y Orozko (País Vasco). Comenzó entonces una lucha sin cuartel por parte de los vecinos y trabajadores de la planta aguilarense, que una década después recuerdan grabado a fuego cómo vivieron un conflicto social que alcanzó una dimensión nacional con muestras de solidaridad impagables.

Hasta 7 manifestaciones, 2 encierros sindicales en la fábrica, 1 marcha reivindicativa entre Aguilar, Palencia y Valladolid, más de medio centenar de encuentros y reuniones negociadoras con la empresa, partidos y la Junta, además de visitas de numerosos políticos a la villa galletera, prolongaron durante meses un conflicto enquistado.

La solución, con la mediación de la Consejería de Agricultura de la Junta, solo llegó mediante la venta a finales de noviembre de 2002 de las antiguas instalaciones fabriles al Grupo Siro. Aguilar pudo seguir con la actividad industrial al pactarse el mantenimiento de los 212 empleos, pero ya sin la popular e inolvidable galleta ‘María’, que protagonizó los desayunos de miles de españoles en la postguerra y durante muchos años después con la llegada de nuevos hábitos alimenticios para iniciar el día.

Solidaridad nacional

El clamor popular y el apoyo desde los puntos más recónditos del país fue unánime y muy solidario con Aguilar y su principal aval, la industria galletera. Una amplia comarca de montaña no quería renunciar al aroma avainillado que siempre desprendieron las calles aguilarenses, dándole un aire distinguido. Durante años, la galleta ‘María’ fue su mayor estandarte y contribuyó notablemente al desarrollo económico del municipio, con algo más de 7.000 habitantes y hoy sin apenas paro gracias al sector agroalimentario y galletero que encabezan Siro y Gullón.

Una despiadada multinacional americana de origen –participada primero por el grupo Nabisco y posteriormente por Philip Morris y United Biscuits- a la que la familia Fontaneda vendió en agosto de 1996 un negocio de tres generaciones, decidió un fatídico 3 de abril de 2002 la clausura por la infrautilización de la fábrica. Alegó que estaba al 35 por ciento de su capacidad productiva, la necesidad de reducir costes, la imposibilidad de ampliar la factoría en el centro de la localidad y unas pérdidas acumuladas superiores a los 19,8 millones de euros. El director de United Biscuits España, el catalán Juan Casaponsa, expuso con frialdad sus argumentos al Comité de Empresa de Fontaneda para argumentar una drástica decisión.

La historia de Aguilar en los últimos 131años ha estado ligada a la industria galletera impulsada por Fontaneda. En un extremo de la plaza principal, una puerta blanca cerrada desde hace décadas, con un cartel donde se puede leer ‘casa fundada en 1881’, marca el inicio de un floreciente negocio que constituiría la seña de identidad del pueblo. La puerta daba acceso a la confitería que a finales del XIX fundó Eugenio Fontaneda, donde elaboraba de forma artesanal, bizcochos, chocolates y galletas hasta que en los años 20 adquirió una nave donde se sitúa la actual fábrica y comenzó a producir con una fórmula casi industrial.

Papel sindical esencial

Sin embargo, hubo un tiempo en el que el pueblo de las galletas temió que sus calles no volvieran a oler nunca más vainilla. Hilario Álvarez, padre de dos hijos, fue uno de los principales protagonistas de un conflicto que se resolvió gracias al tesón y esfuerzo de todos los ciudadanos de la comarca. Presidente entonces del Comité de Empresa por UGT, recibió como un “mazazo” la noticia que afectaba, no sólo a los operarios de la fábrica, sino también a un buen número de empresas auxiliares.

“Fue un ‘palo’, ya que si la fábrica cerraba suponía el hundimiento económico y laboral de toda una comarca y la destrucción de cientos de empleos directos e indirectos”, recuerda. Sin duda, los sindicatos jugaron un papel esencial en el conflicto. No en vano, protagonizaron, junto con trabajadores y vecinos, numerosas medidas de presión para mostrar su rechazo al anuncio de cierre de la compañía multinacional, que pretendía trasladar a buena parte de los empleados –sólo una veintena aceptó- a sus plantas de Navarra y Vizcaya.

La mayoría de los afectados tenía familia y una vida asentada en la localidad. Aún se recuerda como un grupo de trabajadores de Fontaneda, la mayor parte mujeres, recibió con una sonora cacerolada el 8 de abril de 2002 a los directivos de United Biscuits que venían a comunicar oficialmente el cierre a Aguilar. Les retuvieron 13 horas para que reconsideraran la decisión y fueron las heroínas de una intensa lucha posterior.

Los antidisturbios

La medida de presión logró el principal objetivo: las conexiones en directo en varias cadenas de radio y TV y la solidaridad en los días sucesivos de todo un país. La presencia de antidisturbios para liberar y escoltar a los directivos, junto a algunos incidentes que provocaron heridas leves a dos agentes y varias lunas de coches rotas, supusieron el inicio de un tenaz frente de batalla por el futuro de Aguilar.

“Fue un momento de dudas y zozobra. El mundo se nos vino encima, porque con la clausura de la fábrica se llevaban nuestro espíritu y una forma de vida”, recuerda Javier Salido, alcalde de Aguilar en aquel momento. La noticia desencadenó en la zona diversas huelgas generales y movilizaciones para evitar el cierre. “Hubo manifestaciones de hasta más de 10.000 personas, conseguimos que el pueblo respondiera al unísono y que todos gritáramos el lema ‘Fontaneda es de Aguilar’, que se hizo famoso en toda España”, añade el ex regidor.

Y es que el anuncio de cierre no se llevaba sólo una empresa, sino la principal seña de identidad y buena parte de la historia de una localidad que nunca olvidará un conflicto que “dejó heridas” entre vecinos y trabajadores. Así lo reconoce la esposa de uno de los empleados afectados por el cierre que, como muchos otros entre los consultados, se muestran reacios a hablar del tema, quizá para no volver a abrir heridas aún sin restañar.

Heridas sin cerrar

Heridas que aún recuerda Luis Cabañas, que no era trabajador de la fábrica pero a la que sí le unían lazos familiares muy estrechos al ser nieto de Saturnina Fontaneda, hermana de Aniano y Rafael, responsables de la modernización y del despegue definitivo de la marca. “Cuando nos enteramos nos sentó como si nos hubieran dicho que se llevaban la Colegiata o el Monasterio de Santa María la Real. El anuncio de cierre nos pareció una infamia y el pueblo se unió en pro de una misma causa. Todos nos hicimos amigos en lo que fue una lucha diaria”, rememora. Según Cabañas, historias “había muchas” y muchos eran también “los dramas personales que se escondían detrás de cada una”.

Sin embargo, lo que peligraba era la identidad de todo un pueblo. “El orgullo que todos los vecinos teníamos por la fábrica era enorme, ya que su valor sea comparaba a cualquier otro emblema histórico de Aguilar”, añade. De ahí que la unión hiciese la fuerza y todos colaborasen para evitar la decadencia del municipio. “La respuesta por parte de toda España fue impresionante”, asegura Luis agradecido.

A su memoria llegan imágenes de las multitudinarias reuniones a las puertas de la fábrica, donde se entonaban un sinfín de canciones. “El ambiente que se vivía allí…todavía se me pone la piel de gallina. Los coches y camiones que pasaban hacían sonar su claxon para mostrarnos su apoyo. Incluso nos entrevistamos con alcaldes y jefes de compra de grandes superficies para que dejaran de adquirir productos de la marca Fontaneda en una especie de boicot a nivel nacional”, señala.

Claudicación final

Sin embargo, a su juicio, el resultado “no fue del todo positivo”. “Creo que al final cambiaron churras por merinas. Nosotros queríamos que la fábrica no se moviera de Aguilar y que no se perdieran empleos. Ése fue el momento en el que claudicamos”, lamenta. Según él, las cosas se podrían haber hecho de otra manera “para que la marca Fontaneda no se hubiera ido de aquí, aunque el apoyo de la gente fue muy importante”, reconoce.

Pese a todo, casi diez años después del inicio del conflicto, la galleta sigue siendo uno de los distintivos de la localidad y la base de su economía. Y aunque nunca llueve a gusto de todos, lo cierto es que la lucha y la unión de sus habitantes hizo posible que el pueblo no muriera con Fontaneda. Es más, después de aquello y el, desgaste que supuso muchos habitantes sostienen que incluso fue un revulsivo económico para la zona.

José Luis Nájera, presidente de la Asociación de Empresarios de Aguilar y portavoz de la coordinadora que medió entre todos los agentes sociales y políticos desde el anuncio de cierre de Fontaneda, considera que “dentro del problema que supuso el hecho de que se iba algo que era de aquí desde siempre, la población supo agarrarse de la mano y salir adelante con el corazón”. Asegura que “mirándolo con vista de pájaro” el balance final fue “positivo”, pues Aguilar es hoy uno de los pueblos más fuertes desde el punto de vista económico de la provincia y con menor índice de paro.

Nájera recuerda el conflicto como “algo muy especial”, porque “el pueblo se unió y todos sus habitantes colaboraron para evitar que la empresa se marchase. Desde los niños hasta la gente mayor, todos se volcaron para luchar no sólo por el cierre de una fábrica, sino para evitar que se despoblase una amplia comarca y luchar por el futuro de la gente más joven”.

Sensibilidad infantil

Los niños realizaron exposiciones y dibujos en los colegios sobre el tema, se hicieron actuaciones y festivales musicales, se grabó incluso un CD de música, se mantuvieron reuniones en las principales ciudades del país, y se logró el apoyo total de los medios de comunicación. Todo con un único objetivo: salvar del hundimiento a una zona que sin Fontaneda no era nada. “Para Aguilar era un golpe muy duro perder la industria, pero el buen hacer y la solidaridad surgida dentro y fuera de la villa lo impidieron. Era importante hacer ver a las administraciones que no es necesario centralizarlo todo en las grandes ciudades, que hay que luchar por el mantenimiento del medio rural”, explica.

El ex alcalde Javier Salido también cree que, pese a que se sufrió “una catarsis muy dolorosa”, a la larga “ha sido beneficiosa para el pueblo”. “La villa tiene ahora cierto aire de prosperidad y está menos afectada por la crisis que otras zonas de la región”, añade. Sin embargo, reconoce que la situación que le tocó afrontar fue, cuando menos, complicada. “Para mí fue muy agobiante, apenas dormía, los medios me llamaban desde las seis de la mañana y hubo incluso quien me culpó de lo sucedido. Creen que no tienes alma, y eso te duele, pero nunca he visto al pueblo tan unido como entonces”, asegura.

Tras meses de lucha e incertidumbre, en noviembre de 2002 Siro adquirió a United Biscuits -la multinacional que gestionaba Fontaneda- todas sus instalaciones fabriles ubicadas en el centro de Aguilar. En enero de 2003 se retomó durante un tiempo la producción de la popular galleta ‘María’ tras un acuerdo con UB en lo que desde ese día paso a denominarse ‘Horno de Galletas Aguilar’. Apenas una veintena de trabajadores aceptó su traslado a las otras fábricas y se logró mantener la totalidad de los empleos e incluso Siro ha creado aún más.

“Yo vaticiné que Aguilar resurgiría de sus cenizas como el Ave Fénix y así ha sido”, comenta el antiguo regidor. Hoy sigue siendo el pueblo de las galletas y sus calles continúan teniendo el aroma avainillado tan característico que, sin embargo, a muchos de sus habitantes no les gusta en invierno porque “cuando huele más a galleta es que el aire viene de Reinosa y aquí hace un frío que pela”, bromea.

Analía Fernández.

LEÓN NOTICIAS.

 

 

Una década después, Fontaneda ‘ya no es’ de Aguilar, 4.1 out of 5 based on 8 ratings

-  Redacción RIAC



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1 comentario

en 'Una década después, Fontaneda ‘ya no es’ de Aguilar'

  1. Pazuca dice:

    En mi casa sólo se consumen Galletas Gullón. NO entra nada con la marca Fontaneda.

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