El Camino (1950) es la tercera novela de Miguel Delibes y la consagración definitiva de una manera de escribir: La cadencia que guardamos en la memoria de los relatos junto a la lumbre, esa manera oral de contar las historias de los pueblos, de las familias y donde, a poco que la noche sea fría, se cuela el maravilloso aliño de la ficción.
La novela nos muestra la mirada curiosa y avispada de tres niños, de sus correrías, y de sus sentimientos. Daniel, el Mochuelo, junto a sus compañeros el Tiñoso y el Boñiga, nos regalan un baño de nostalgia a cada paso, una sensación que sentirán tanto los que se hayan criado en un pueblo como los que lo hayan hecho en una ciudad, es cierto que el escenario es muy importante a lo largo de todo el libro, pero los sentimientos que se destilan en todas y cada una de las páginas son universales.
La historia transcurre en algún lugar de la meseta castellana plagado de colores, olores y sonidos que el autor recorre con el gusto del que ha disfrutado de esas mieles. El discurrir de una sociedad entre la ignorancia de la beatería en grado sumo, el trabajo manual que dignifica al hombre, los descreídos de Dios y el retrato panorámico de una sociedad rural donde quedaba muy claro quien vivía con un mote tras el nombre, y quien llevaba el Don delante del mismo. Ese es el otro motor de la novela. El padre del Mochuelo esta empeñado en que su hijo se vaya a estudiar a la ciudad para progresar. El Quesero, lo que anhela en el fondo, es que su hijo sea algo más en la vida de lo que él ha logrado, al fin y a la postre, que deje de ser el Mochuelo para convertirse en Don Daniel.
La novela tiene una enorme actualidad porque es un canto elogioso a la vida en el campo, y todos sabemos del progresivo enamoramiento de la población urbanita de este país por el regreso a la naturaleza, al campo, al lugar inhóspito que dejaron nuestros padres, y que ahora adopta tintes nuevos en una realidad muy diferente a la de los años cincuenta, nuestros pueblos del siglo XXI son lugares dónde el progreso ha llegado en forma de cuatro por cuatro por las autovías, telefonía móvil de última generación, alcantarillado, pabellones polideportivos y disco móvil para la rematar la romería. Casi todo ha cambiado y el pueblo que Delibes nos regala en esta novela tiene poco que ver con la actualidad, para el autor, la vida en el campo es lo positivo frente a la vida civilizada allende los montes, los ríos y las veredas. En estos días esa frontera esta mucho más diluida.
El Camino es una lectura estupenda, una historia plagada de imágenes con los adjetivos justos y necesarios, construía por la maestría de quien es capaz de hacer de la sencillez una virtud, la enseñanza poética del ciclo de la vida y la obligación de enfrentarnos al mundo para poder interpretar todo lo que la vida nos ofrece: La amistad, el amor, la lealtad y la certeza postrera de que alguna vez nos tumbaremos en la cama para dormir y todos nuestros recuerdos, juntitos, tozudos y bien frescos, se tumbaran junto a nosotros para pasar toda la noche en vela, una de esas noches que sólo puede romper el canto del gallo.
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Nos ha dejado uno de los más grandes.
Nadie como Delibes supo adentrarnos de una manera tan sencilla, no sólo en los Sentimientos humanos, sino también en las Sensaciones de la vida, ni describirlas con una delicadeza, precisión y crudeza semejantes.
Miguel, siempre será recordado como deseó…
… un gran escritor y mejor persona.